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21-O

octubre 23, 2012

¿Se ajusta a la realidad un sistema de distribución de escaños que permite a una fuerza política obtener tres escaños más cuando ha disminuido en votos y en porcentaje? Justo posiblemente no, pero real ha sido que el PP a pesar de perder un punto y más de 135.000 votos, ha sumado tres escaños más. Por mucho que desde los creadores de opinión se trate –y consigan- vender el logro como un éxito y respaldo no sólo a Feijóo sino al gobierno de Rajoy al interpretar libremente en clave nacional el resultado autonómico, más cierto es que en tres años el Sr. Feijóo ha perdido el 17% de sus votantes (789.427 votos en 2009 por 653.934 en 2012).

Ante la crisis global que vive España, las urnas han propuesto como alternativa más nacionalismo-soberanismo y más comunismo. Qué lejos quedan los pactos de La Moncloa. La caída en barrena del PSOE propicia el ascenso de la izquierda más radical o más pura cuya esencia decimonónica ilustra las soluciones para el siglo XXI, repescando a un veterano líder gallego. Se dice que el banquillo del PSOE está vacío y la nueva cara en el parlamento gallego es la del setentón Beiras, que vuelve años después a donde ya se había marchado aunque no para siempre como ha demostrado. Si la renovación y el aire fresco pasa por la persona de Beiras vale como ejemplo del páramo que nos están dejando los oligarcas de la política.

Aún habiendo en Galicia veintiséis candidaturas entre las que decidir el voto, ninguna de ellas logró ganarse la confianza de casi 76.000 electores, más del 5% del total de votantes, lo que los convierte en la “quinta fuerza política”. Se trata de la suma de los votos en blanco y nulos, un significativo porcentaje de disconformes probablemente cabreados que han preferido expresarse antes de quedarse en silencio. Si les sumamos los que optaron por la fraudulenta formación “Escaños en Blanco” que se situó entre Rosa Díez y Mario Conde se superan las noventa mil personas. Esta cifra debe hacer pensar y ser un estímulo para aquellas formaciones que por diversos motivos aún no llegan al gran público, de que hay un nicho de votos real que puede variar el signo de los parlamentos. El desencanto de la población huérfana en las urnas debe generar la autocrítica en quienes desde opciones aún marginales – o no tan marginales – se saben portadores de formas de hacer política distintas y novedosas en nuestro país aunque ya rodadas en el resto del continente donde son gobierno. Ello implica en primer lugar querer y después trabajar, aprovechando al máximo las oportunidades de la sociedad de la información, al alcance de todos, haciendo un uso responsable y acorde al cargo que se ocupa, mostrando ideas en lugar de retratos cuando nos vamos de cañas.

UPYD, esa organización política unipersonal, ya pierde votos en su segunda presencia electoral tanto en Galicia como en País Vasco. La generosidad en el número de escaños le permite mantener su diputado por Álava con poco más de seis mil votos. Se dice que es más difícil mantenerse que llegar y doña Rosa mantiene a su representante en el Parlamento vasco, lo cual es de elogiar, pero existen señales que reflejan que la marea magenta alcanzó ya su plenitud y empieza a retirase de la orilla.

Mario Conde ha zozobrado. Quince mil votos sería un logro para una fuerza que se estrena y que no hubiera contado con el apoya mediático prestado al proyecto de Conde. Se queja él mismo sin embargo de que no ha recibido igual trato por los medios y que es un aspecto que debe corregirse. Ya quisieran las formaciones que le siguen en la clasificación electoral haber contado con la divulgación que algunos medios le han proporcionado a su proyecto que partía de cero igual que otros a los cuales se les ha negado todo o casi todo. Las encuestas en Galicia han pronosticado correctamente el resultado del 21 de octubre menos en la parte de conceder uno y hasta tres escaños a Sociedad Civil y Democracia, muy alejado del resultado real por lo que técnicamente es muy improbable que esas previsiones fueran ciertas. Que gran invento la mantequilla, la mermelada y la gomina para untar.

El PP lleva un rumbo equivocado para sus intereses en el País Vasco. No hay ni intercambio de votos entre los bajistas PSOE y PP, teniendo cada vez menos peso el voto no nacionalista. No es nuevo en el parlamento de Vitoria que los nacionalistas tengan tal número de escaños. En los ochenta al PP por la cámara vasca se le veía poco. La total concurrencia de sensibilidades en estas elecciones nos da una foto fija de la realidad actual, con sus proporciones soberanistas, lo cual no es un problema. Mientras en los ochenta y noventa casi todos eran constitucionalistas (PNV y EA también) porque simplemente respetaban las reglas del juego, que no son las de la democracia sino las del Derecho, empezando por la Constitución, no como ahora que aspirantes a tener Estado niegan el vigente. Este es el problema además del nacionalismo en si.

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