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El español del año

diciembre 27, 2012

francisco castaño

Francisco Castaño es el hombre del año, el español de 2012. Se lo merece porque tiene sesenta y tres tacos y la suficiente confianza en si mismo como para hacerle caso a los sueños. Soñó un número y lo compró para que le tocara el gordo de navidad. Francisco, Paco o Curro tiene cara de ser agradecido con la vida y esta vez que se ha portado bien con él no iba a ir de estirado gandul diciendo que el premio no le va a cambiar la vida. Al hombre del año sí se la cambia, por fortuna para mejor, porque se va a quedar para siempre con su casa, y no descarten que aparezca por la sucursal bancaria que lo tenía contra las cuerdas a comprar en efectivo cualquiera de esos ladrillos que la banca se está quitando de encima a precio de rebaja. No le importó a Paco no guardarse la sonrisa ancha para disimular la boca del túnel de un solo carril que seguro se abrió en algún lance de la actividad agrícola y cuya restitución no es prioritaria, porque con un diente menos también se puede llegar a donde otros más estéticos han alcanzado el tope. Espero estimado agraciado que te hayas dado un buen homenaje para el cuerpo y el espíritu en la forma y cantidad que hayas considerado ya sea en el comedero de siempre o probando alta compañía. Te lo mereces y sabrás disfrutar lo que la vida te ha puesto lejos, porque sabes lo que cuesta y aprecias lo que se consigue con trabajo. Si has tenido suerte es porque además de merecerla se fijó en ti, aunque mal estaría que la pálida dama se pusiera celosa y viniera a buscarte fuera de tiempo. Salud para disfrutarlo durante larga vida.

No hay dudas sobre tu premio al español del año. Tú no hablas por hablar, si prometes algo lo cumples. Eres lo suficientemente inteligente como para ni pasarte por la cabeza adelantar unas elecciones para que te voten unos cuantos menos, ni guardabas un lingote de oro y efectivo en tu casa –ahora ya puedes- para decirles a tus colegas que trabajen más cobrando menos. No dejarías que el chino se escapara por no saber contar los días y ni ahora con el papel que llevas encima te vas a quejar por viajar en turista. Tampoco vas a permitir que la cena y el hotel te lo pague el inserso, porque eres un tío con el honor que da levantarse temprano para estar doblado en el olivar sólo para conseguir un peculio que no da sino para escapar. No te vas a asustar por el peligro que se desprende de un portal de belén, ni siquiera te preocupa que salga por la tele el suegro del duque avaricioso que llegó a la corte con demostrado dominio de la mano en prácticas más nobles que las que le han llevado a desfilar sin música al juzgado, aunque muy erguido él, sin conciencia ni remordimiento que le baje el mentón. Y ni que decir tiene que a Casillas no lo sientas en el banquillo ni apoyarías y mostrarías cariño por quien te está dejando sin color la casa blanca. Y me da que tampoco te llevarías comida del súper sin pagar. Ahora tienes cuatrocientos mil “ebros” aunque ya los valías antes. Uno que no te conocía.

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