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Escrache, no

marzo 28, 2013

Escrache es un vocablo argentino referido a un tipo de manifestación o protesta que se realiza directamente contra una persona al tener lugar delante de su domicilio o lugar de trabajo. A España ha llegado recientemente esta práctica de la mano de la plataforma de afectados por la hipoteca mediante concentraciones ante los domicilios de algunos diputados del Partido Popular. Al parecer con estas acciones buscan el apoyo de los diputados a la iniciativa legislativa popular admitida a trámite. El derecho de manifestación es cosa distinta y no puede justificarse ni confundirse en el mismo. En este caso concreto y sin ánimo de quitar la razón que puedan tener los afectados por las hipotecas –entre los cuales algún día podría incluirme yo- no resulta creíble en el plano teleológico que el medio elegido para convencer a los diputados sea adecuado pues probablemente no vayan a modificar el sentido de su voto por soportar el escrache. Si bien la participación de las personas en la democracia no debe reducirse a la cita electoral cuatrienal, la capacidad para influir la sociedad civil en el poder legislativo debe ir más por los cauces del diálogo, el debate y la pedagogía que por el sonido de una masa vociferante que repite consignas a gritos ya que los diversos canales de comunicación que hoy día están a nuestro alcance permiten hacer llegar a cualquier representante público la información que se desee.

La imagen de personas que pueden perder sus viviendas delante de la de un político en pleno estado de crisis con una clase política denostada suma empatías al aproximarnos emocionalmente a las “víctimas del sistema” en lugar de al “verdugo”. El escrache es una forma de actuar, por lo que subjetivamente se puede dirigir contra cualquiera, incluido cada uno de nosotros, desde el periodista cuya opinión es contraria a la nuestra, al juez que aplicó equivocadamente la doctrina del error material o ante la carnicería que nos vendió hamburguesas con carne de caballo. Basta con que tengas morada y detractores o un grupo que trata de influir en tus decisiones. Estos piquetes no tienen nada de informativos –igual que los clásicos del sindicalismo- y vistos como una presión para cambiar el sentido de una decisión, tienen más naturaleza de medida coercitiva y hasta coactiva que de ejercicio democrático. Por ello no deben ser acogidas con calor, por más que la causa pareciera loable y justa, porque se está traspasando la raya que separa lo público de lo privado y confundiendo los lugares y procesos para la toda de decisiones.

Tener un tiempo en torno al domicilio a un grupo de personas con vocación de influir en tu decisión, es un acto que no tiene naturaleza democrática alguna, sino intimidatoria y restrictiva de la libertad ideológica, un derecho fundamental que sí tiene que ver con la democracia.

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One Comment
  1. José Palacín permalink

    Los personaejes que se han adueñado de la opinión y acción de los afectados por la hipoteca no saben hacer otra cosa porque vienen de donde vienen. Que pena porque el movimiento social era precioso y lo han destruido como al 15 M y otros muchos. abrazos Roberto y muy bien tu artículo

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