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Monarquía o República

abril 13, 2013

El 14 de abril está señalado en el calendario para los nostálgicos de la república. Establece la Constitución que la forma política de España es una monarquía parlamentaria. Para dejar de serlo las fuerzas políticas mayoritarias habrán de promover la reforma constitucional, que por referirse a la Corona exigirá la disolución de las Cortes y la ratificación por mayoría de dos tercios de las nuevas, además de referéndum. Un procedimiento que requiere de un amplio consenso y en última instancia deberá ser ratificado por el cuerpo electoral. En definitiva, será el pueblo quien decida.

La jefatura del Estado no está contribuyendo al sosiego social, pues los desaciertos del rey y las acciones delictivas del yerno – y ya veremos si de la propia infanta- han dejado a la institución en su peor momento histórico en cuanto a respaldo social. Y parece que la cosa no mejora. Primero se criticó el auto del juez Castro imputando a la infanta, pues causó sorpresa el cambio de criterio. Un auto que explica los hechos que conllevan la imputación y que se autojustifica en un ejercicio de demostración de que el caso no es igual a los demás y sabedor de su trascendencia entra en detalles singulares. En segundo lugar, me resulta poco ejemplar que una persona (Urdangarín) que a ciertas preguntas del juez ha respondido como si fuera un aspirante a sacarse el título de la ESO, se coloque en Qatar como entrenador de balonmano o ayudante, práctica que nunca ha ejercido. No hay que ir muy lejos para que se demuestre que la carta de recomendación vino más de la casa real que del lado deportivo. Un tipo con suerte.

A pesar de que la institución de la jefatura del Estado corresponde exclusivamente a la persona del Rey, la misma podría considerarse blindada respecto de los atropellos que cometa su entorno y en nada podría afectar ese caso de corrupción a la institución. Pero no ha sido así, a veces por propia irresponsabilidad del rey como al atreverse a opinar sobre el auto de  imputación de su hija, tomando parte como padre y no como jefe de Estado. La sensación de que en torno al rey se ha creado una atmósfera de negocio cuyo modus operandi más lucrativo era ordeñar las arcas públicas mediante contratos engordados, con la cooperación necesaria de los políticos que daban el visto bueno a esos contratos, es inevitable.

Económicamente, no estamos ante una institución del Estado que sea especialmente costosa. Ahora bien, debe existir transparencia en el destino de los fondos públicos asignados a la casa real. No puede ser que se esté enriqueciendo a una familia de manera continuada en el tiempo, creando si fuera el caso un patrimonio inmenso. No se trata de que vivan en la miseria, pero tampoco que vayan amasando una fortuna, por lo que es justo que haya un equilibrio entre las necesidades y la asignación presupuestaria. Y por supuesto, con el ejemplo que padecemos, más allá del heredero, nada de fondos públicos.

La crisis institucional que sufre España llega incluso a la Corona, nada deseable pues las malas prácticas no debieron instalarse allí. Como institución del Estado democrático merece el respeto debido y por su parte las acciones procedentes y servicio al Estado y a España.

La filia republicana responde en menor medida a un interés por un cambio en la organización constitucional, correspondiéndose más con las fuerzas que ven en el rey al sucesor de Franco y por tanto una dictadura cerrada en falso y a los que ven en la unidad de España un problema. Que duda cabe que deslegitimar al jefe del Estado implica dotar de incertidumbre la estabilidad nacional.

Por sus competencias constitucionales, ninguna duda hay de que puede ser prescindible. No es el momento para debatir sobre si Monarquía o República, pues esa desviación de los problemas reales nos merma las fuerzas y nos despista. En cualquier caso, la sustitución de la monarquía por una república, con las mismas atribuciones para el jefe del Estado sería igualmente prescindible. Nos puede valer un modelo con un presidente del gobierno sin más, en compañía y desencuentro de otros diecisiete autonómicos. Debería ser suficiente.

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