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25-M. Elecciones europeas

mayo 20, 2014

Nos acercamos irremediablemente al 25 de mayo, día en el que el pueblo español elegirá a sus representantes en el Parlamento europeo. El sentir de la calle reflejado en las encuestas es la baja participación del electorado. La falta de información de lo que pasa en Bruselas, cuyo debate político apenas tiene presencia en los medios de comunicación, con la complicidad de eurodiputados desconocidos en persona y obra para la inmensa mayoría y el interés propio del bipartidismo de que el ambiente no se caliente para pasar de puntillas en estas elecciones y mantener su status quo –recuerden que el presidente del gobierno convocó las elecciones sin haber dado a conocer su candidato, señal no sólo táctica sino de absoluto desprecio a los comicios- sumado a la desafección política, barrunta récord negativo de participación.

Si no se alcanza el 50% de participación, la mayoría habrá dejado a la minoría la determinación del resultado. Paradójico que se busquen las mayorías democráticas y al final acaben dejando a la minoría que decida por ella. Una lástima que se siga viendo como extraño e irrelevante lo que el Parlamento europeo representa, cuando cada día más nuestra vida colectiva y personal está regulada por la normativa europea, legislando el poder legislativo doméstico con una soberanía limitada por el ordenamiento jurídico comunitario. Todavía no ha arraigado la idea de que casi todo depende de la política comunitaria, ocupando sus instituciones la cúspide de una organización administrativa en la que están ayuntamientos, comunidades autónomas y cuyos procesos electorales, por diversos motivos siguen viéndose como algo mucho más propio que las elecciones europeas.

Confiaba que aún con la poca cultura en comicios de esta naturaleza, el pueblo aprovecharía esta oportunidad para mostrar esa indignación gestada con la crisis, pero la expectativa es que tal estado de ánimo se canalizará hacia la pasividad.

Cierto es que el nivel del dúo de candidato y candidata que debatieron en televisión no excita a seguir el proceso electoral. Baja audiencia y bajo nivel según opinión generalizada de los expertos en algo que se llamó debate y que no lo fue entre el candidato Cañete y la candidata Valenciano. La torpeza del primero vino con el posdebate, al día siguiente, cuando estimó que no pudo sacar su superioridad intelectual sobre una mujer indefensa porque se vería como machismo. A partir de ahí el PSOE ha encontrado el filón y si ya antes en lo poco que se hablaba aún menos se proponía de asuntos europeos, después los tiempos han sido ocupados por el machismo de Cañete y el PP entero. Alta política europea. Lo anacrónico y demás calificativos negativos sobre semejante afirmación restará votos al PP, no se sabrá cuantos, pero dudo mucho que cojan el camino del PSOE.

Se verá si ha llegado el tiempo para el desarrollo y consolidación de los emergentes, de la irrupción de los novatos y el declive del bipartidismo. La realidad es que ya ha salido de la marginalidad la oposición al bipartidismo y en sus filas ya se ven en la necesidad de afirmar que no son lo mismo o que bajo ese ataque lo que hay en realidad es un apoyo al PP –Juan Fernando López Aguilar dixit- o el editorial del ABC en apoyo de los dos pilares (PP y PSOE) de nuestra democracia.

Veremos el resultado. Con menos bipartidismo y separatismo estaríamos mejor.

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From → Opinión

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